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Citas Al-Idrisi (ca. 1150) "Elche es una villa construida en una llanura atravesada por un canal derivado del río. Este canal pasa bajo sus muros, [y] los habitantes hacen uso de él, porque sirve para los baños y corre por los mercados y calles. Las aguas del citado río son salobres. Para beber, los habitantes se encuentran en la necesidad de traer agua de lluvia de otros lugares, que almacenan en depósitos" Ibn Said (ca. 1240) Sobre la ciudad de Elche. Dijo Ibn al-Yasa: "no hay en Al-Andalus dátiles tan buenos como en Elche". Dijo Ibn Said: "yo he pasado por esta ciudad... y decían que ella se parece a la ciudad del Profeta, sobre él sea la paz" Jerónimo Müntzer (1494-1495) "El 12 de octubre, saliendo de Alicante a través de una planicie estéril y muy peligrosa antiguamente, a causa de los salteadores sarracenos, cabalgando dos leguas, llegamos después a otra llanura muy fecunda y regada por ríos, a la villa de Elche [...] Es aquel lugar tan fecundo y tan abundante en aceite, que no lo hay más. Nunca hasta hoy en aquel camino y recorrido he visto tantas palmeras, cuyos dátiles, aunque llegan a madurar, no son tan dulces como en África, porque esta región es menos cálida. !Oh, qué fecunda es aquella villa! La habitan cristianos y muchos sarracenos" Martí de Viciana (1564) "Alrededor de la villa, por los huertos y campos, hay más palmas que en toda España: que allende de dar con su postura gracia y hermosura a la tierra, dan de los dátiles más de tres mil ducados en cada un año, porque son muchos y muy buenos. Pues de palmas curadas blancas provehen toda la tierra; especialmente, vi una carta de concierto hecho entre la Iglesia de Toledo y un caballero de Elche en que la Iglesia le da setenta ducados de salario ordinario porque les envíe cada un año dos carros cargados de palmas para el Domingo de Ramos: y esto ha que dura más de trenta y cinco años" Gaspar Escolano (1610) "Capítulo primero, de la campaña del Reino, y de su gran fertilidad en general, y en particular de la del campo de Orihuela y Elche. Salvador Perpinyà (1705) "Asentado que hubieron el pie, levantado su ermita o mezquita, por mejor decir, en el lugar que hoy está el templo de Santa María, poniendo su modod e gobierno, que le tenían muy bueno y eran muy mañosos en su arte de vivienda, tanto que hoy en día nos queda algo de su gobierno, como es el partir de las aguas, quedando el nombre que ellos tenían en arábigo a los partidores sde la acequia y otros que ellos tenían en arábigo a los partidores de la acequia y otros que están derramados por las heredades, habiendo tanta igualdad en esta partición que se riega cada uno su tanda de agua sin molestia ni pesadumbre de nadie, lo que en otras partes (por dichas particiones) ocasionan, causando algunas muertes y bandos, y eso por el poco gobierno de su partir de agua, como aquí le tenemos. Pues teniendo tantos años este modo de partir, no se ha hallado enmienda en poner y quitar este modo de partición de aguas" Richard Twiss (1775) "El día 3 de mayo partí hacia Murcia. A las cuatro leguas de viaje, llegamos a la gran ciudad de Elche, que se encuentra muy convenientemente situada en medio de un bosque de palmeras" Henry Swinburne (1779) "Paramos en Elche, una ciudad grande perteneciente al duque de los Arcos, construida a las afueras de un bosque, o mejor palmeral, donde los dátiles cuelgan por todos los lados en racimos de color naranja, y los hombres balanceándose en cuerdas de yute que los recogían constituían un espectáculo curioso y agradable. Las palmeras son viejas y enormes, su número dicen que excede el de doscientos mil. Muchos de los árboles tienen las ramas atadas hasta un cierto lugar y cubiertas con esterillas para que no les afecte el sol ni el aire. Con el tiempo las ramas se vuelven blancas y entonces se cortan y se envían por barco desde Alicante a Génova y a otras partes de Italia para las grandes procesiones del Domingo de Ramos, un tipo de comercio poco común" Joseph Townsend, 1792 "Elche, la Ilici de los romanos, podría ser llamada, con toda propiedad, la ciudad de los dátiles porque está rodeada de plantaciones de palmeras por todas partes. Estos árboles, hacia el mes de mayo, se cargan de frutos en colgantes racimos circulares y, cuando están maduros, parecen coronas de oro con un penacho de plumas emergiendo del centro" Antonio José Cavanilles (1797) "Fatígase la vista al descubrir por todas partes eriales, aridez, descuido, y cerros que alargan el camino de suyo fatigoso; pero en saliendo de la última garganta, cuando se perciben las inmediaciones de Elche, y en ellas aquel bosque de olivos, precedidos de tanto campo cultivado; cuando en el centro de los olivos se ve aquella multitud de empinadas palmas que ocultan los edificios, y parte de las torres y cúpulas de la villa más populosa del reino, es tanta la sorpresa, tan dulce la sensación, que el espectador desea llegar a aquel nuevo país para conocer a fondo su valor, su hermosura, sus producciones y habitantes, digno todo ello de ser descrito con exactitud [...]" Alexandre de Laborde (1806) "Se adivina la ciudad de Elche a través de las palmeras que cubren todo su término. Estas palmeras son tan abundantes que el área tiene en aspecto de un bosque del oriente. Los campos están rodeados de palmeras y su fruto es la principal riqueza del país. Este espectáculo nuevo para los habitantes del norte de Europa excita vivamente la atención del viajero; uno se cree, por un momento, trasladado a las llanuras de Siria, o a las orillas del Delta" Richard Ford (1845) "Sólo hay una Elche en Europa: es una ciudad de palmeras; únicamente se echa de menos el beduino, puesto que el clima es el del Este. [...] Elche, Ilice, se encuentra a alrededor de dos leguas del mar; aquí se desconoce el invierno; la villa es floreciente, y contiene cerca de 25.000 almas. Hay una posada decente; la ciudad está dividida por un barranco, sobre el cual existe un hermoso puente. La vista aquí es extremadamente oriental: las rojizas casas morunas, con techumbres planas y pocas ventadas, se alzan una sobre la otra. A la izquierda se encuentra el Alcázar, actualmente prisión, pero por doquier alrededor ondea la palmera, llena de gracia. La mejor iglesia es la de Santa María; su fábrica es excelente, y el pórtico bueno; el Tabernáculo está hecho de mármoles preciosos. Sólo desde la torre puede comprenderse la enorme extensión de las plantaciones de palmeras: ellas rodean la ciudad por todos lados, muchos miles, prácticamente cien mil en número; algunas de ellas son de mucha edad; se cultivan a partir de dátiles, crecen despacio, cada anillo en el tronco denota un año. Los machos poseen floren blancas, que eclosionan en mayo; las hembras portan el fruto, que maduran en noviembre. Los dátiles son inferiores a los de Berbería, aunque se embarcan en Alicante, y se venden como tales con un nivel respetable de comercio. Se utilizan mucho como alimento para el ganado. Cuando maduran, cuelgan en racimos amarillos bajo las hojas a modo de abanico, que crecen (paraguas del desierto) como pluma de avestruz en círculo droado. Las palmeras están decreciendo; las estériles rinden provecho debido a sus hojas, que se atan juntas y palidecen, como los hortelanos hacen lechugas. Así se obtienen 12 palmas finas de cada una, que se pagan a dolar en España e Italia para las procesiones del Domingo de Ramos, y, a lo lago y ancho de toda España, como cierta defensa contra los rayos, si han sido bendecidas por el sacerdote que las vende; entonces, se cuelgan en los balcones de las casas, y son, cuando menos, más baratas, aunque menos filosóficas, que un elemento conductor hecho de hierro" Pascual Madoz (1850) "Los afueras de la población son bastante deliciosos: en primer lugar se encuentra rodeada de un bosque de extensas palmeras que se elevan a una altura sorprendente, las cuales impiden que se vea el caserío hasta casi estar dentro de él: desde lejos hace esta faja una vista hermosa, pues se destaca como un punto oscuro a manera de un grande desierto. Sucesivamente van extendiéndose fajas circulares de huerta seguidas de sembrados sin riego. Los árboles de secano reducidos a higueras, algarrobos y a tal cual almendro; la blancura y aridez aparente de los campos hacen un contraste admirable con el bosque de olivos, y este con el de las palmas, por mediar entre ellos multitud de huertas con variedad de producciones. Los canales de riego serpentean por todas partes, las muchas casas de campo que pueblan todo aquel terreno, la animación contínua que se nota en los caminos y veredas, aquel sol hermoso que ostenta siempre sus dorados resplandores, todo causa sorpesa y una agradable sesación" Gustave Dorée y Charles Davillier (1862) "No hay más que un Elche en España, dice un refrán muy conocido. Y podría añadirse que no hay otro en Europa. Aunque la antigua Ilice fue antaño una de las más importantes colonias del imperio romano en la Península, su mayor título de gloria es la palmera. Bien es verdad que estos magníficos árboles del desierto se ven con frecuencia en casi todos los lugares de Andalucía, en el sur de Italia y en Sicilia. Alcanzan a veces dimensiones bastante grandes, pero siempre se encuentran aisladas o al menos en grupos poco numerosos, mientras que alrededor de Elche forman un ancho cinturón que rodea a la ciudad como un verdadero bosque. Creería uno haber sido transportado de improviso por la varita de un encantador a alguna ciudad del interior de África o, aún más, a uno de esos sitios donde la imaginación se complace en colocar las grandiosas escenas de la Biblia. Clements Markham (1867) "Elche se encuentra veinte millas al noreste de Orihuela y a siete millas de las riberas del Mediterráneo. Es una ciudad de palmeras. Construida a la orilla del lecho de un barranco que es atravesado por un elegante puente antiguo, las casas de terrazas planas de Elche están rodeadas por tres lados por bosques de palmeras datileras. El antiguo y majestuoso alcázar musulmán (ahora prisión) se encuentra en el borde de la rambla o barranco, y las tres o cuatro torres de iglesia en lugar de minaretes son lo único que recuerda al viajero que no se encuentra en los alrededores de una ciudad de Arabia o de Marruecos. La principal característrica de Elche son sus palmeras, cuya introducción se atribuye tradicionalmente a Abd al-Rahmân I, quien diariamente contemplaba la primera palmera española desde la ventana de su palacio de Córdoba, o regaba con sus lágrimas el árbol que un día fue regado por su estimado Éufrates. Él sentía, medio mortificado, que la palmera había de elevarse hacia el cielo y extenderse con los besos de las brisas del Algarbe, mientras él, otro exiliado de Oriente, languidecía por el aire más dulce de su tierra nativa. Y, verdaderamente, las descendientes de la famosa palmera de Abd al-Rahman, con sus cincuenta pies de tronco, coronada por las doradas ramas de frutos y graciosas hojas, se sentían tan en su casa en los huertos de Elche como nunca se habían sentido en las riberas del Éufrates William Hamilton Hall (1886) "Los derechos de agua, fraccionados en 814 partes o porciones, son propiedad de capitalistas locales, y los propietarios tienen derecho a un voto por cada media parte poseida. Hay una asamblea anual de copropietarios, en la cual se eligen un superintendente general o fiel de aguas, un secretario, cierto número de guardas, y los jueces o comisionados de los que se hablará más adelante. Estos oficiales sirven por un año solamente, con la excepción de los jueces, quienes desempeñan el cargo por dos años. Los cuatro jueces forman el consejo de administración, junto a tres miembros del gobierno municipal, y bajo presidencia del alcalde. Dado que la representación del municipio es elegida por sufragio general de todos los electores calificados, los regantes obtienen así una voz en el gobierno de los trabajos. Pedro Ibarra y Ruiz (1895, 1922) "Sin el agua de nuestra Acequia, ¿qué serían los alrededores de Elche? Desviadla y habréis muerto nuestros hermosos plantíos de granados, y sobre todo los frondosos palmerales. Elche, no sería Elche. Sería un lugarón, como cualquiera de la Mancha, rodeado de áridos bancales, sin vegetación, sin poesía y sobre todo sin riqueza agrícola" (Historia de Elche). Teodoro Llorente (1889) "El viajero que se dirije a tan bella ciudad se cree transportado a una población árabe [...] rodeado de elevadas palmeras; sus magníficas casas de tres pisos con minaretes [...] Francisco Figueras Pacheco (1922) "Las inmediaciones de la población están ocupadas por fantásticos bosques de palmeras, resto vital de aquellas remotas épocas en que la ciudad era morada de íberos, púnicos y helenos. Así puede decirse que estos hermosos y esbeltos árboles, que ora recortan su penacho en el mágico azul de nuestro cielo, ora encorvan su tronco al peso de los siglos y ocultan sus palmas en la espesura del bosque, son el admirable y bello lazo que une el presente de Elche con los lejanos tiempos de su origen. [...] Estos hermosísimos bosques son el atractivo principal del turismo, y es lástima grande se talen algunos huertos para ensanchar la población, encerrada en gran parte por tan poéticas murallas. Esperamos que el Ayuntamiento de la ciudad buscará el medio de evitar aquel mal, si no quiere que los ilicitanos de mañana culpen a los de hoy de haber malgastado esta inapreciable herencia de los siglos" Otto Jensen (1929) "Entre las ciudades de huerta de la parte oriental de España, Elche, la ciudad de las palmeras, tiene un especial encanto. El espectáculo que se goza desde los adarves de la cuadrada torre de la iglesia de Santa María es de impresión inolvidable [...] Alrededor de toda la blanca ciudad, especialmente por el norte, el este y suroeste, se ve una ancha faja de un verde sombrío: es el famoso palmeral de Elche. El número de palmeras es tan grande y se encuentran tan juntas que, de hecho, la huerta, vista desde lejos, da la impresión de un bosque cerrado que se extiende por varios kilómetros. Aquí y allá brillan entre la masa oscura las blancas casas de los huertos. Al otro lado de la huerta, enérgicamente delimitada, se extiende la desierta estepa, quemada por el sol [...] El cielo, como de bronce y limpio de nubes; el aire, seco y cargado de polvo; la caldeada estepa; el umbrío bosque de palmeras; el seco cauce del río; las blancas y cuadradas casas con sus fuertes contrastes de luz y sombra... todo ello forma un cuadro único en Europa y que recuerda por completo el norte de África. Decreto de 1933 "Es un deber del Gobierno, por la Constitución de la República Española, proteger los lugares del territorio nacional notables por su belleza natural y por su reconocido valor histórico y artístico. Decreto de 1943 "Todo el palmeral de Elche es el resto de las épocas remotas, pudiéndose decir que las magníficas palmeras que hoy recortan con sus penachos el azul mágico del cielo levantino, constituyen el bonito lazo que une el presente de la ciudad con su pasado medieval" (Decreto del Jefe del Estado Español, General Francisco Franco Bahamonde, publicado en la Boletín Oficial del Estado el 3 de Agosto de 1943) Joan Fuster (1962) El Camp d'Elx (dice un geógrafo) no es una huerta, sino un oasis. En medio de la aridez general del Sur valenciano, Elche y sus terrenos son una gentil, amplia pausa de verdor, y las palmeras, con su alusión oriental, hacen definitivamente justa la palabra [...] James Michener (1968) "Seguimos una pequeño camino rural y viajamos a través de las que una vez fueron las grandes plantaciones de palmeras de Elche: en época musulmana había más de un millón de palmeras aquí, y su fruto era famoso tan lejos como en Egipto. Ahora la vasta plantación se ha reducido a una mera fracción de su tamaño anterior, y muchos han aducido este hecho como prueba de cómo sufrió España cuando los moros fueron expulsados. Yo pienso que una explicación más veraz sería que los gustos han cambiado y los no-musulmanes simplemente no comen tantos dátiles; donde crecían las palmas encontré almendros, uno de los más poéticos entre la familia de los frutales y tan graciosamente contenido como un guitarrista solitario tocando en la noche. Mientras me maravillaba contemplando la belleza de los almendros, mi mujer señaló un lugar donde convergían cinco campos, produciendo algo que no había visto con anterioridad: dátiles, almendras, aceitunas, naranjas y granadas crecían juntas. Tanto como cualquier otra cosa que hubiese visto en España, esta curiosa yuxtaposición demostraba cuán rico el litoral mediterráneo había sido siempre, tanto bajo el dominio romano, visigodo, musulmán o español: nos encontrábamos en un jardín que se extendía por cientos de millas" (Iberia: Spanish Travels and Reflections) Thomas F. Glick (1970) "Los arabismos y prácticas islámicas visibles en el regadío valenciano medieval forman un mosaico étnico que se corresponde con las diferentes áreas o zonas de regadío del mundo islámico que enviaron a sus hijos a poblar y establecerse en Al-Andalus. Pueden delinearse claramente dos tipos culturales distintos de sistemas de distribución de las aguas: 1) el tipo sirio, cuyo modelo proviene del río Barada en el Ghuta de Damasco (sistemas de Valencia, Castellón y Gandía), caracterizado por la distribución proporcional del agua; 2) el tipo yemenita, típico de las pequeñas huertas, como oasis, del sur del Reino de Valencia (Alicante, Elche, Novelda), basado en unidades de medida de tiempo fijo, y asociado con la venta del agua. Alejandro Ramos (1971) ?En nuestros campos merecía atención especial la palmera, que si bien no fue traida por los árabes, como ya vimos en el capítulo anterior, sí fue cuidada en forma particular y seguramente a estos les debemos la forma actual de cultivo en forma de huertos, de líneas rectas que se cruzan y dejan grandes cuadros en los que cultivarían el granado? (Historia de Elche) Ley de 1986 "Las plantaciones de palmeras de Elche, forma de cultivo secular de esta especie tan característica del Mediterráneo, son testimonio de un aspecto singular de la historia económica y social del pueblo valenciano. Puede además postularse para ellas un origen anterior al de la actual estructura de plantación y que podría remontarse hasta la Antigüedad. Todo ello contribuye a resaltar el valor de esta masa arbórea, El Palmeral de Elche, que resulta altamente evocadora para muchos de sus contempladores, como lo atestiguan las frecuentes citas literarias y representaciones gráficas de los últimos dos siglos. |