Citas


Al-Idrisi (ca. 1150)

"Elche es una villa construida en una llanura atravesada por un canal derivado del río. Este canal pasa bajo sus muros, [y] los habitantes hacen uso de él, porque sirve para los baños y corre por los mercados y calles. Las aguas del citado río son salobres. Para beber, los habitantes se encuentran en la necesidad de traer agua de lluvia de otros lugares, que almacenan en depósitos"
Geografía de España, s. XI-XII

Ibn Said (ca. 1240)

Sobre la ciudad de Elche. Dijo Ibn al-Yasa: "no hay en Al-Andalus dátiles tan buenos como en Elche". Dijo Ibn Said: "yo he pasado por esta ciudad... y decían que ella se parece a la ciudad del Profeta, sobre él sea la paz"
Al Mugrib fi hula l-magrib

Jerónimo Müntzer (1494-1495)

"El 12 de octubre, saliendo de Alicante a través de una planicie estéril y muy peligrosa antiguamente, a causa de los salteadores sarracenos, cabalgando dos leguas, llegamos después a otra llanura muy fecunda y regada por ríos, a la villa de Elche [...] Es aquel lugar tan fecundo y tan abundante en aceite, que no lo hay más. Nunca hasta hoy en aquel camino y recorrido he visto tantas palmeras, cuyos dátiles, aunque llegan a madurar, no son tan dulces como en África, porque esta región es menos cálida. !Oh, qué fecunda es aquella villa! La habitan cristianos y muchos sarracenos"
Itinerarium sive peregrinatio per Hispaniam, Franconiam et Alemaniam

Martí de Viciana (1564)

"Alrededor de la villa, por los huertos y campos, hay más palmas que en toda España: que allende de dar con su postura gracia y hermosura a la tierra, dan de los dátiles más de tres mil ducados en cada un año, porque son muchos y muy buenos. Pues de palmas curadas blancas provehen toda la tierra; especialmente, vi una carta de concierto hecho entre la Iglesia de Toledo y un caballero de Elche en que la Iglesia le da setenta ducados de salario ordinario porque les envíe cada un año dos carros cargados de palmas para el Domingo de Ramos: y esto ha que dura más de trenta y cinco años"
Crónica de la ínclita y coronada ciudad de Valencia

Gaspar Escolano (1610)

"Capítulo primero, de la campaña del Reino, y de su gran fertilidad en general, y en particular de la del campo de Orihuela y Elche.

[...] Es nuestro Reino tan palmoso por la parte de Elche, que todo su campo no parece menos que un escuadrón de picas arboladas: y así hacen sus vecinos tanto caudal y granjería de las palmas blancas que cortan, que, demás de proveer a muchas iglesias de Aragón, Castilla y Valencia, la de Toledo está avenida con los de Elche por mucha suma de ducados por las que se llevan cada año para la celebración del Domingo de Ramos. Esta abundancia de palmas quisieron figurar los Antiguos romanos cuando en la medalla de Elche [...] pusieron la insignia de la palma"
Década primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reino de Valencia

Salvador Perpinyà (1705)

"Asentado que hubieron el pie, levantado su ermita o mezquita, por mejor decir, en el lugar que hoy está el templo de Santa María, poniendo su modod e gobierno, que le tenían muy bueno y eran muy mañosos en su arte de vivienda, tanto que hoy en día nos queda algo de su gobierno, como es el partir de las aguas, quedando el nombre que ellos tenían en arábigo a los partidores sde la acequia y otros que ellos tenían en arábigo a los partidores de la acequia y otros que están derramados por las heredades, habiendo tanta igualdad en esta partición que se riega cada uno su tanda de agua sin molestia ni pesadumbre de nadie, lo que en otras partes (por dichas particiones) ocasionan, causando algunas muertes y bandos, y eso por el poco gobierno de su partir de agua, como aquí le tenemos. Pues teniendo tantos años este modo de partir, no se ha hallado enmienda en poner y quitar este modo de partición de aguas"
Antigüedades y glorias de la villa de Elche

Richard Twiss (1775)

"El día 3 de mayo partí hacia Murcia. A las cuatro leguas de viaje, llegamos a la gran ciudad de Elche, que se encuentra muy convenientemente situada en medio de un bosque de palmeras"
Travels through Portugal and Spain in 1772 and 1773

Henry Swinburne (1779)

"Paramos en Elche, una ciudad grande perteneciente al duque de los Arcos, construida a las afueras de un bosque, o mejor palmeral, donde los dátiles cuelgan por todos los lados en racimos de color naranja, y los hombres balanceándose en cuerdas de yute que los recogían constituían un espectáculo curioso y agradable. Las palmeras son viejas y enormes, su número dicen que excede el de doscientos mil. Muchos de los árboles tienen las ramas atadas hasta un cierto lugar y cubiertas con esterillas para que no les afecte el sol ni el aire. Con el tiempo las ramas se vuelven blancas y entonces se cortan y se envían por barco desde Alicante a Génova y a otras partes de Italia para las grandes procesiones del Domingo de Ramos, un tipo de comercio poco común"
Travels through Spain in the year 1775 and 1776 in which several monuments of Roman and Moorish architecture are illustrated by accurate drawings taken on the spot.

Joseph Townsend, 1792

"Elche, la Ilici de los romanos, podría ser llamada, con toda propiedad, la ciudad de los dátiles porque está rodeada de plantaciones de palmeras por todas partes. Estos árboles, hacia el mes de mayo, se cargan de frutos en colgantes racimos circulares y, cuando están maduros, parecen coronas de oro con un penacho de plumas emergiendo del centro"
A journey through Spain in the years 1786 and 1787; with a particular attention to the agriculture, manufactures, commerce, population, taxes and revenue of that country, and remarks in passing through a part of France.

Antonio José Cavanilles (1797)

"Fatígase la vista al descubrir por todas partes eriales, aridez, descuido, y cerros que alargan el camino de suyo fatigoso; pero en saliendo de la última garganta, cuando se perciben las inmediaciones de Elche, y en ellas aquel bosque de olivos, precedidos de tanto campo cultivado; cuando en el centro de los olivos se ve aquella multitud de empinadas palmas que ocultan los edificios, y parte de las torres y cúpulas de la villa más populosa del reino, es tanta la sorpresa, tan dulce la sensación, que el espectador desea llegar a aquel nuevo país para conocer a fondo su valor, su hermosura, sus producciones y habitantes, digno todo ello de ser descrito con exactitud [...]"

[...] Guiáronse las aguas hacia la porción privilegiada que circuye la villa, y muy en breve se vieron en aquel suelo, antes árido, bosques de olivos, vergeles deliciosos, jardines amenos y agradables, no solo por la frescura, verdor y lozanía de los vegetales, sino por la novedad de los frutos poco conocidos en el resto del reino. Crecen y prosperan en varios parajes del reino las plantas de algodón, y las palmas que por capricho o adorno se conservan en algún huerto; pero hacer cosechas importantes y cultivar estos vegetales con conocimiento y esmero, solamente lo han conseguido los de Elche. Destinaron a palmas mil tahullas contiguas a los edificios de la villa, que reducidas a huertos cercados de paredes forman un bosque circular de 70 mil palmas. Síguese a esta faja circular de huertos otra más ancha, donde se cultivan trigos, barrillas, alfalfas, y otras plantas útiles; y últimamente vienen los olivos, que ocupan 30 mil tahullas, y sirven de corona o cerco al resto de las huertas.

Mirando este recinto desde la torre o campanario de la Iglesia de Santa María ofrece una vista agradable. Vese a los pies aquel caserío y multitud de calles donde moran 20 mil almas, y luego sucesivamente las fajas circulares de la huerta, seguidas de sembrados sin riego cuando alcanza la vista. Los árboles del secano reducidos a higueras, algarrobos, y a tal cual almendro; la blancura y aridez aparente de los campos hacen un contraste admirable con el bosque de olivos, y este con el de palmas, por mediar entre ellos multitud de huertas con variedad de producciones"
Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia.

Alexandre de Laborde (1806)

"Se adivina la ciudad de Elche a través de las palmeras que cubren todo su término. Estas palmeras son tan abundantes que el área tiene en aspecto de un bosque del oriente. Los campos están rodeados de palmeras y su fruto es la principal riqueza del país. Este espectáculo nuevo para los habitantes del norte de Europa excita vivamente la atención del viajero; uno se cree, por un momento, trasladado a las llanuras de Siria, o a las orillas del Delta"
Itinéraire descriptif de l'Espagne

Richard Ford (1845)

"Sólo hay una Elche en Europa: es una ciudad de palmeras; únicamente se echa de menos el beduino, puesto que el clima es el del Este. [...] Elche, Ilice, se encuentra a alrededor de dos leguas del mar; aquí se desconoce el invierno; la villa es floreciente, y contiene cerca de 25.000 almas. Hay una posada decente; la ciudad está dividida por un barranco, sobre el cual existe un hermoso puente. La vista aquí es extremadamente oriental: las rojizas casas morunas, con techumbres planas y pocas ventadas, se alzan una sobre la otra. A la izquierda se encuentra el Alcázar, actualmente prisión, pero por doquier alrededor ondea la palmera, llena de gracia. La mejor iglesia es la de Santa María; su fábrica es excelente, y el pórtico bueno; el Tabernáculo está hecho de mármoles preciosos. Sólo desde la torre puede comprenderse la enorme extensión de las plantaciones de palmeras: ellas rodean la ciudad por todos lados, muchos miles, prácticamente cien mil en número; algunas de ellas son de mucha edad; se cultivan a partir de dátiles, crecen despacio, cada anillo en el tronco denota un año. Los machos poseen floren blancas, que eclosionan en mayo; las hembras portan el fruto, que maduran en noviembre. Los dátiles son inferiores a los de Berbería, aunque se embarcan en Alicante, y se venden como tales con un nivel respetable de comercio. Se utilizan mucho como alimento para el ganado. Cuando maduran, cuelgan en racimos amarillos bajo las hojas a modo de abanico, que crecen (paraguas del desierto) como pluma de avestruz en círculo droado. Las palmeras están decreciendo; las estériles rinden provecho debido a sus hojas, que se atan juntas y palidecen, como los hortelanos hacen lechugas. Así se obtienen 12 palmas finas de cada una, que se pagan a dolar en España e Italia para las procesiones del Domingo de Ramos, y, a lo lago y ancho de toda España, como cierta defensa contra los rayos, si han sido bendecidas por el sacerdote que las vende; entonces, se cuelgan en los balcones de las casas, y son, cuando menos, más baratas, aunque menos filosóficas, que un elemento conductor hecho de hierro"
A Hand-Book for Travellers in Spain

Pascual Madoz (1850)

"Los afueras de la población son bastante deliciosos: en primer lugar se encuentra rodeada de un bosque de extensas palmeras que se elevan a una altura sorprendente, las cuales impiden que se vea el caserío hasta casi estar dentro de él: desde lejos hace esta faja una vista hermosa, pues se destaca como un punto oscuro a manera de un grande desierto. Sucesivamente van extendiéndose fajas circulares de huerta seguidas de sembrados sin riego. Los árboles de secano reducidos a higueras, algarrobos y a tal cual almendro; la blancura y aridez aparente de los campos hacen un contraste admirable con el bosque de olivos, y este con el de las palmas, por mediar entre ellos multitud de huertas con variedad de producciones. Los canales de riego serpentean por todas partes, las muchas casas de campo que pueblan todo aquel terreno, la animación contínua que se nota en los caminos y veredas, aquel sol hermoso que ostenta siempre sus dorados resplandores, todo causa sorpesa y una agradable sesación"
Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar

Gustave Dorée y Charles Davillier (1862)

"No hay más que un Elche en España, dice un refrán muy conocido. Y podría añadirse que no hay otro en Europa. Aunque la antigua Ilice fue antaño una de las más importantes colonias del imperio romano en la Península, su mayor título de gloria es la palmera. Bien es verdad que estos magníficos árboles del desierto se ven con frecuencia en casi todos los lugares de Andalucía, en el sur de Italia y en Sicilia. Alcanzan a veces dimensiones bastante grandes, pero siempre se encuentran aisladas o al menos en grupos poco numerosos, mientras que alrededor de Elche forman un ancho cinturón que rodea a la ciudad como un verdadero bosque. Creería uno haber sido transportado de improviso por la varita de un encantador a alguna ciudad del interior de África o, aún más, a uno de esos sitios donde la imaginación se complace en colocar las grandiosas escenas de la Biblia.

Cuando nos acercábamos a la ciudad, una escapada entre las palmeras nos permitió distinguir una larga línea de muros almenados rematada por cúpulas que los últimos rayos del sol doraban y que dibujaban su silueta oriental sobre un cielo tan rojo como una ardiente hoguera. La ilusión hubiera sido completa si en lugar de los labradores murcianos, envueltos en sus mantas de lana a rayas de chillones colores, hubiéramos visto pasar una de aquellas caravanas que Marihat gustaba de pintar, o alguna Rebeca en traje bíblico llevando sobre el hombro la ánfora tradicional.

En el interior de Elche seguíamos creyendo estar en una ciudad de Oriente [...]"
Viaje por España

Clements Markham (1867)

"Elche se encuentra veinte millas al noreste de Orihuela y a siete millas de las riberas del Mediterráneo. Es una ciudad de palmeras. Construida a la orilla del lecho de un barranco que es atravesado por un elegante puente antiguo, las casas de terrazas planas de Elche están rodeadas por tres lados por bosques de palmeras datileras. El antiguo y majestuoso alcázar musulmán (ahora prisión) se encuentra en el borde de la rambla o barranco, y las tres o cuatro torres de iglesia en lugar de minaretes son lo único que recuerda al viajero que no se encuentra en los alrededores de una ciudad de Arabia o de Marruecos. La principal característrica de Elche son sus palmeras, cuya introducción se atribuye tradicionalmente a Abd al-Rahmân I, quien diariamente contemplaba la primera palmera española desde la ventana de su palacio de Córdoba, o regaba con sus lágrimas el árbol que un día fue regado por su estimado Éufrates. Él sentía, medio mortificado, que la palmera había de elevarse hacia el cielo y extenderse con los besos de las brisas del Algarbe, mientras él, otro exiliado de Oriente, languidecía por el aire más dulce de su tierra nativa. Y, verdaderamente, las descendientes de la famosa palmera de Abd al-Rahman, con sus cincuenta pies de tronco, coronada por las doradas ramas de frutos y graciosas hojas, se sentían tan en su casa en los huertos de Elche como nunca se habían sentido en las riberas del Éufrates

[...] A una distancia de una milla y media aguas arriba de Elche, la Acequia Madre comienza a desprender partidores o acequias secundarias de riego, que son veintidós en total, siete arriba de la ciudad, y quince abajo; todas, por supuesto, salen del margen izquierdo del canal principal, ya que, a la derecha, el borde del barranco se encuentra muy próximo. Los nombres de estos partidores ofrecen pruebas más claras del origen árabe del sistema de regadío de Elche que las que podrían obtenerse, tanto de las tradiciones qcomo de las crónicas escritas. Recogí estos nombres de boca de los molineros y labradores que viven a la orilla de las acequias y emplean sus aguas [...]"
Report on the Irrigation of Eastern Spain

William Hamilton Hall (1886)

"Los derechos de agua, fraccionados en 814 partes o porciones, son propiedad de capitalistas locales, y los propietarios tienen derecho a un voto por cada media parte poseida. Hay una asamblea anual de copropietarios, en la cual se eligen un superintendente general o fiel de aguas, un secretario, cierto número de guardas, y los jueces o comisionados de los que se hablará más adelante. Estos oficiales sirven por un año solamente, con la excepción de los jueces, quienes desempeñan el cargo por dos años. Los cuatro jueces forman el consejo de administración, junto a tres miembros del gobierno municipal, y bajo presidencia del alcalde. Dado que la representación del municipio es elegida por sufragio general de todos los electores calificados, los regantes obtienen así una voz en el gobierno de los trabajos.

[...] Cada mañana a las siete en punto, frente a la oficina del fiel de aguas tiene lugar una venta de turnos de agua para las veinticuatro horas que comienzan a las seis de la tarde del día de la venta. Lo que se vente son de los derechos de los propietarios individuales, para el tiempo especificado. Si alguno de los propietarios desea usar su agua, o por cualquier otra razón no la pone a la venta, lo puede hacer a placer. Existen, en consecuenica, momentos en que hay mucha agua en el mercado y momentos en que hay poca, y conforme la demanda crece mientras el suministro decrece, se producen grandes fluctuaciones en los precios. Estas transferencias son, por lo general, ventas privadas, y se realizan por los propios propietarios, o por sus agentes a comisión. Cuando las ventas se hacen a cuenta de las multas impuestas a beneficio del fondo de mantenimiento, se efectúan mediante subasta.

[...] Del canal principal derivan veintiun acequias secundarias; pero jamás se emplean más de diez u once simultáneamente, puesto que el suministro de agua transportado por el canal no es suficiente para llenar más. En la compraventa de aguas emergen dos clases de conflictos que requieren ser zanjados de inmediato: (1) dos propietarios ubicados en diferentes acequias secundarias desean comprar agua que debe ser servida en las siguientes veinticuatro horas; no es posible efectuar las entregas de agua en puntos tan distantes entre sí; quién debe ser favorecido y quién debe esperar hasta otro día? (2) dos propietarios desean comprar agua que debe ser servida por la misma acequia, pero en volumen superior al que esta puede transportar; quién debe esperar? El árbitro de la compraventa decide estas cuestiones tan de inmediato como se plantean, la venta continúa, y los resultados son anotados por el secretario tan rápido como le son comunicados, para mejor guía del superintendente en la preparación de su jornada de trabajo"
Irrigation Development. History, Customs, Lands, and Administrative Systems Relating to Irrigation, Water-Courses, and Waters in France, Italy and Spain

Pedro Ibarra y Ruiz (1895, 1922)

"Sin el agua de nuestra Acequia, ¿qué serían los alrededores de Elche? Desviadla y habréis muerto nuestros hermosos plantíos de granados, y sobre todo los frondosos palmerales. Elche, no sería Elche. Sería un lugarón, como cualquiera de la Mancha, rodeado de áridos bancales, sin vegetación, sin poesía y sobre todo sin riqueza agrícola" (Historia de Elche).

"Se puede y se debe progresar sin destruir, sin aniquilar una belleza singular que se posee, que no hemos establecido nosotros, que todos tenemos el deber de defender y perpetuar, porque es causa de admiración para los forasteros que vienen a ver esta maravilla española [...] Se puede y se debe progresar, extendiendo el natural desarrollo de la población que nos empuja, fundando esas mismas barriadas insalubres dentro del umbroso bosque, y esa fábricas que aportan millones de pesetas a Elche, y cuyo benéfico influjo somos los primeros en reconocer [...], sin arrancar una palmera, sin arrancar ese palmeral, única riqueza forestal que tenemos"
Pro palmeras, semanario Nueva Ilice, nos. 493-494, 8-9 de enero de 1922; reproducido en su libro Pro Palmeras. Conjunto de documentos que pueden servir algún día para ilustrar nuestra gestión en defensa de estos palmerales.

Teodoro Llorente (1889)

"El viajero que se dirije a tan bella ciudad se cree transportado a una población árabe [...] rodeado de elevadas palmeras; sus magníficas casas de tres pisos con minaretes [...]

Las casas son desde arriba acabados tipos de construcción árabe, con sus terrados planos, sin una teja, y de color ceniza.

Las calles tortuosas y los viejos castillos le dan más carácter a aquel conjunto exótico"
España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia

Francisco Figueras Pacheco (1922)

"Las inmediaciones de la población están ocupadas por fantásticos bosques de palmeras, resto vital de aquellas remotas épocas en que la ciudad era morada de íberos, púnicos y helenos. Así puede decirse que estos hermosos y esbeltos árboles, que ora recortan su penacho en el mágico azul de nuestro cielo, ora encorvan su tronco al peso de los siglos y ocultan sus palmas en la espesura del bosque, son el admirable y bello lazo que une el presente de Elche con los lejanos tiempos de su origen. [...] Estos hermosísimos bosques son el atractivo principal del turismo, y es lástima grande se talen algunos huertos para ensanchar la población, encerrada en gran parte por tan poéticas murallas. Esperamos que el Ayuntamiento de la ciudad buscará el medio de evitar aquel mal, si no quiere que los ilicitanos de mañana culpen a los de hoy de haber malgastado esta inapreciable herencia de los siglos"
Alicante, en Francesc Carreras i Candi (dir), Geografía General del reino de Valencia

Otto Jensen (1929)

"Entre las ciudades de huerta de la parte oriental de España, Elche, la ciudad de las palmeras, tiene un especial encanto. El espectáculo que se goza desde los adarves de la cuadrada torre de la iglesia de Santa María es de impresión inolvidable [...] Alrededor de toda la blanca ciudad, especialmente por el norte, el este y suroeste, se ve una ancha faja de un verde sombrío: es el famoso palmeral de Elche. El número de palmeras es tan grande y se encuentran tan juntas que, de hecho, la huerta, vista desde lejos, da la impresión de un bosque cerrado que se extiende por varios kilómetros. Aquí y allá brillan entre la masa oscura las blancas casas de los huertos. Al otro lado de la huerta, enérgicamente delimitada, se extiende la desierta estepa, quemada por el sol [...] El cielo, como de bronce y limpio de nubes; el aire, seco y cargado de polvo; la caldeada estepa; el umbrío bosque de palmeras; el seco cauce del río; las blancas y cuadradas casas con sus fuertes contrastes de luz y sombra... todo ello forma un cuadro único en Europa y que recuerda por completo el norte de África.

[...] Este "bosque" no crece en desorden; es, más bien en realidad, una plantación. Las palmeras se elevan en dos filas a lo largo y a los lados de la acequia de riego, mientras que las parcelas cuadrangulares que quedan en el intermedio están ocupadas por otros cultivos [...]"

Decreto de 1933

"Es un deber del Gobierno, por la Constitución de la República Española, proteger los lugares del territorio nacional notables por su belleza natural y por su reconocido valor histórico y artístico.

Este deber se hace más imperioso cuando tales riquezas están a punto de desaparecer y la opinión cultural y artística española señala únicamente el peligro, solicitando que pronto se remedie.

Este es el caso que actualmente se presenta con los palmerales de Elche, donde las talas persistentemente continuadas durante los últimos años, por no existir ninguna disposición legal que ponga coto a la codicia individualista de los propietarios, vienen destruyendo un tesoro tan bello de arte y cultura, excepcional en Europa [...]" (Decreto firmado por el Presidente de la II República Española, Niceto Alcalá-Zamora, y el Ministro de Agricultura, Industria y Comercio, Marcelino Domingo y Sanjuán)

Decreto de 1943

"Todo el palmeral de Elche es el resto de las épocas remotas, pudiéndose decir que las magníficas palmeras que hoy recortan con sus penachos el azul mágico del cielo levantino, constituyen el bonito lazo que une el presente de la ciudad con su pasado medieval" (Decreto del Jefe del Estado Español, General Francisco Franco Bahamonde, publicado en la Boletín Oficial del Estado el 3 de Agosto de 1943)

Joan Fuster (1962)

El Camp d'Elx (dice un geógrafo) no es una huerta, sino un oasis. En medio de la aridez general del Sur valenciano, Elche y sus terrenos son una gentil, amplia pausa de verdor, y las palmeras, con su alusión oriental, hacen definitivamente justa la palabra [...]

Tres cosas acuden al interés del turista cuando se acerca a Elche: su palmeral, su Misteri, y su dama. El palmeral lo vemos en seguida, arropando a la ciudad por el Norte, Este y Sur: un bosque de penachos cimbreantes, rumoroso en la brisa, verde sobre la impecable tela azul del cielo. Uno piensa en los árabes, no puede evitarlo; el decorado encaja perfectamente con el tópico. Pero no: Elche tiene palmeras desde mucho antes de la venida de los moros. Quizá las importaron los fenicios. Aunque, sin duda, los moros las extenderían y cuidarían con la nostalgia de sus paisajes lejanos [...]

Elche y sus palmeras han suscitado mucha literatura. Aquellos caminos sombreados, la tierra blanquecina, las palmas melancólicas, las casas de azotea plana, las pitas y las chumberas de los ribazos, el sol implacable, recuerdan un cliché moruno o palestiniano: Oriente. La ciudad, con avenidas modernas y su esfuerzo industrial, lo desmentirá. 'No se pasea impunemente bajo las palmeras', afirmaba Goethe. Bajo otras palmeras, sí, el paseo puede contagiar indolencia o languidez. En Elche, en cambio, la palmera tiene un no sé qué de figura incitante, de disparo hacia arriba, vivo, de vuelo esgrimido. O me lo parece a mí. Bien mirado, a su vera, el pueblo pletórico y emprendedor me da la razón" (El País Valenciano)

James Michener (1968)

"Seguimos una pequeño camino rural y viajamos a través de las que una vez fueron las grandes plantaciones de palmeras de Elche: en época musulmana había más de un millón de palmeras aquí, y su fruto era famoso tan lejos como en Egipto. Ahora la vasta plantación se ha reducido a una mera fracción de su tamaño anterior, y muchos han aducido este hecho como prueba de cómo sufrió España cuando los moros fueron expulsados. Yo pienso que una explicación más veraz sería que los gustos han cambiado y los no-musulmanes simplemente no comen tantos dátiles; donde crecían las palmas encontré almendros, uno de los más poéticos entre la familia de los frutales y tan graciosamente contenido como un guitarrista solitario tocando en la noche. Mientras me maravillaba contemplando la belleza de los almendros, mi mujer señaló un lugar donde convergían cinco campos, produciendo algo que no había visto con anterioridad: dátiles, almendras, aceitunas, naranjas y granadas crecían juntas. Tanto como cualquier otra cosa que hubiese visto en España, esta curiosa yuxtaposición demostraba cuán rico el litoral mediterráneo había sido siempre, tanto bajo el dominio romano, visigodo, musulmán o español: nos encontrábamos en un jardín que se extendía por cientos de millas" (Iberia: Spanish Travels and Reflections)

Thomas F. Glick (1970)

"Los arabismos y prácticas islámicas visibles en el regadío valenciano medieval forman un mosaico étnico que se corresponde con las diferentes áreas o zonas de regadío del mundo islámico que enviaron a sus hijos a poblar y establecerse en Al-Andalus. Pueden delinearse claramente dos tipos culturales distintos de sistemas de distribución de las aguas: 1) el tipo sirio, cuyo modelo proviene del río Barada en el Ghuta de Damasco (sistemas de Valencia, Castellón y Gandía), caracterizado por la distribución proporcional del agua; 2) el tipo yemenita, típico de las pequeñas huertas, como oasis, del sur del Reino de Valencia (Alicante, Elche, Novelda), basado en unidades de medida de tiempo fijo, y asociado con la venta del agua.

Estos tipos corresponden además a dos sistemas opuestos de posesión de la tierra; uno en el cual los derechos de agua son inseparables de la tierra, y otro en el cual el derecho de agua puede ser vendido separadamente de la tierra. El segundo, que yo llamo "yemenita" sobre la base del vocabulario del regadío, ha estado también asociado con los oasis saharianos con los cuales tiene gran similitud institucional. La evidencia sugiere no sólo una población mixta —yemenita y berebere— en el Este de Al-Andalus, sino también una influencia yemenita sobre las prácticas del regadío del Sahara" (Irrigation and Society in Medieval Valencia)

Alejandro Ramos (1971)

?En nuestros campos merecía atención especial la palmera, que si bien no fue traida por los árabes, como ya vimos en el capítulo anterior, sí fue cuidada en forma particular y seguramente a estos les debemos la forma actual de cultivo en forma de huertos, de líneas rectas que se cruzan y dejan grandes cuadros en los que cultivarían el granado? (Historia de Elche)

Ley de 1986

"Las plantaciones de palmeras de Elche, forma de cultivo secular de esta especie tan característica del Mediterráneo, son testimonio de un aspecto singular de la historia económica y social del pueblo valenciano. Puede además postularse para ellas un origen anterior al de la actual estructura de plantación y que podría remontarse hasta la Antigüedad. Todo ello contribuye a resaltar el valor de esta masa arbórea, El Palmeral de Elche, que resulta altamente evocadora para muchos de sus contempladores, como lo atestiguan las frecuentes citas literarias y representaciones gráficas de los últimos dos siglos.

Su carácter singular se advierte aún más en su especificidad como elemento del patrimonio cultural valenciano: objetivo viviente, en constante evolución y desarrollo, que nace, crece, es fecundado artificiosamente, podado y mantenido mediante artes tradicionales que configuran este conjunto arbóreo como objeto cuya protección legal debe seguir pautas distintas de las promulgadas para la protección de objetos de carácter monumental de otro orden." ("Exposición de motivos" de la Ley 1/1986, de 9 de mayo, de la Generalidad Valenciana, por la que se regula la tutela de El Palmeral de Elche).