Catalogación de Fondos


Con anterioridad a los primeros catálogos impresos, que vieron la luz en el promedio del siglo XIX, sólo nos son conocidos los inventarios de las piezas que pertenecían a la Academia, y el inventario manuscrito de obras reunidas a raíz de la desamortización. Ambos instrumentos, escasamente reflejados en las sucesivas catalogaciones emprendidas después, son de importancia capital porque proporcionan suficientes datos para conocer el origen de muchísimas obras, especialmente las de mayor rango, que aparecen reseñadas con sus dimensiones y nombre del autor.

Museo de Bellas Artes de Valencia. Galería nueva de pinturas.

Entre los inventarios de los efectos artísticos de la Academia, el más completo es el realizado en 1842, resultado de la fusión de otros anteriores, dando cuenta de sus colecciones antes de trasladarlas al Museo del Carmen en 1848.
        En cuanto a las piezas del Museo propiamente dicho, de titularidad estatal, la información más completa la proporciona el inventario realizado en 1847 por la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Valencia, bajo el título Catálogo de los cuadros y esculturas albergados en el Museo de Pinturas de la Ciudad. Redactado por los tres directores de pintura de la Academia, Vicente Castelló, Francisco Llácer y Miguel Pou, asciende a 536 pinturas y 17 esculturas, y su valor documental es enorme, pues aunque no facilita demasiada información sobre la pintura gótica (escasamente apreciada en esos años), anota por lo demás la naturaleza, título, autor, medidas, estado de conservación y, lo que no es menos importante, la procedencia conventual de cada una de las piezas reseñadas. No se llegó a editar, pero fue matriz del primer catálogo publicado en 1850.
        El catálogo de 1850, en efecto, fue impreso en Valencia en la imprenta de D. Benito Monfort, bajo el título Catálogo de los cuadros que existen en el Museo de Pinturas establecido en el Convento del Carmen de esta capital. Con respecto al inventario manuscrito de 1847, eleva el número de pinturas hasta 586, siempre de titularidad estatal, con numeración en buena parte coincidente con aquél, y siguiendo también el orden de ubicación de las piezas, omitiendo sus dimensiones y procedencia, sin olvidar la colección de esculturas, con lo cual su valor documental es mucho más limitado.

Portada del primer catálogo impreso del Museo de Bellas Artes (1850). Valencia, Biblioteca de la Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Con el traslado de la Academia de San Carlos al edificio del Carmen en 1848 y la fusión de su colección con la estatal, se publicó en 1863 un catálogo conjunto titulado Catálogo de los cuadros que existen en el Museo de Pinturas de esta Capital, editado en la valenciana imprenta de J. Domenech, que refleja el elenco de fondos exhibidos en el Museo entonces con nueva numeración. Las obras de titularidad estatal iban acompañadas de la letra M, y con una A las de la Academia, llegando a sumar un total de 1.184 obras. El escaso aprecio que se concedía entonces a la pintura gótica justifica que las pinturas anteriores al siglo XV, reunidas en una sala, fueran referidas conjuntamente como un lote de "190 pinturas del siglo XII al XV de las Escuelas Española, Italiana, Flamenca y Alemana, las cuales proceden de varios retablos". También hay que notar que en este catálogo las pinturas propiedad del Estado eran más numerosas que las de la Academia. La ordenación seguía respondiendo a criterios topográficos de salas, pero al aumentar el volumen de lo expuesto se le daría nueva numeración al conjunto, haciendo inservible la del catálogo de 1850 con la consiguiente pérdida de muchas referencias para su identificación posterior, pues también en esta ocasión se omitieron las dimensiones de los cuadros y las noticias de su origen.
        En 1867 aparecía un nuevo Catálogo de los cuadros que existen en el Museo de Pinturas de esta Capital, también impreso en Valencia por J. Domenech, que reducía el número de obras expuestas a 1.125. Esa reducción, seguramente, fue motivada al retirar de la vista aquellas piezas que ofrecían un aspecto más ingrato, tanto por su inferior calidad como por su mala conservación. Esta vez la numeración fue nuevamente alterada, aunque se mantuvo la indicación de las letras A y M para distinguir las obras de la Academia de las del Museo. Los continuos traslados que tuvieron que soportar después las obras, a raíz de las ampliaciones del Museo acometidas en 1885, 1900 y 1908, permitieron que pronto se revelara inútil el trabajo realizado a poco que las piezas cambiaran de lugar.

Museo de Bellas Artes de Valencia. Sala Joaquín Sorolla.

Perdidas por tanto las referencias topográficas de antaño, en 1915 hubo necesidad de publicar una nueva Guía del Museo de Bellas Artes por parte del entonces director D. Luis Tramoyeres Blasco, facilitando información sobre el material expuesto y cumpliendo, según señala en su prólogo, "lo preceptuado en el artículo 16 del Reglamento de 18 de octubre de 1913 para la aplicación del real decreto de 24 de julio del mismo año por el cual se reorganizaron los Museos Provinciales de Bellas Artes". Esta nueva guía descubre que el material pictórico quedaba reducido a una selección de trescientas obras, incluyendo las pinturas góticas (que él mismo estudiaría) y otras ingresadas después de la última catalogación de 1867. También incluía una amplia muestra de escultura y arqueología, llegada al Museo por circunstancias diversas. En esta ocasión Tramoyeres anotó las dimensiones de los cuadros y en ocasiones noticias de procedencia, sobre todo referentes a legados de particulares. Estas precisiones evidencian su oficio de historiador frente a las anteriores catalogaciones hechas por los directores de pintura de la Academia.
        Indudablemente la catalogación más decisiva del Museo se debe al gran historiador y conocedor del arte valenciano Elias Tormo. Su labor catalogadora la anticipaba en su libro Levante (1923) y la ofrecía completa en su trabajo Valencia: Los Museos (1932), dedicado a recorrer los museos de la ciudad con especial atención al Museo de Bellas Artes. Sus referencias son concisas y muy útiles, y tienen el mérito de estar hechas sin que se le permitiera consultar el inventario manuscrito de 1847, que desde luego Tramoyeres manejó. Tormo deduciría la autoría de muchas piezas a la luz de las noticias de Ponz y Orellana anteriores a la desamortización, aventurando en algunos casos atribuciones nuevas.
        El traslado en 1946 del Museo de Bellas Artes y la Academia de San Carlos a su actual emplazamiento en el antiguo Colegio Seminario San Pío V, fue determinante para que se perdieran muchas referencias de atribución consignadas en los viejos catálogos del siglo XIX, sobre todo en los varios centenares de cuadros que, por hallarse guardados, no figuran en la guía de Tramoyeres, ni tampoco Elías Tormo pudo reseñar. La pauta de ordenación de las pinturas en la nueva sede de San Pío V fue orientada por el historiador F. J. Sánchez Cantón, enviado por el Ministerio de Educación Nacional, potenciando un discurso racional hasta donde el nuevo espacio permitía. Una vez ordenado, en 1955 aparecía un catálogo de lo expuesto, redactado por Felipe Mª Garín Ortiz de Taranco, académico de San Carlos, con el confuso título Catálogo - guía del Museo Provincial de Bellas Artes de San Carlos. Este trabajo está organizado de modo inventarial siguiendo el sentido de visita del nuevo museo, a manera de catálogo de mano, mencionando todo lo visible en el recorrido (1.079 piezas de naturaleza muy diversa, pintura, escultura, artes menores, cerámica, muebles, etc.). En la paternidad de las pinturas repite sin apenas cambios las atribuciones dadas por Tormo en 1932 e incluye una tabla de equivalencias entre la numeración de Tormo y la nueva.
        Con posteridad han ido apareciendo catálogos de colecciones parciales del Museo, como el realizado por A. Espinós Catálogo de dibujos de los siglos XVI y XVII (1979), y Catálogo de dibujos del siglo XVIII (1984). También, el Catálogo de Diseños de Arquitectura de la Real Academia de BB. AA. de San Carlos de Valencia, 1768 - 1846, a cargo de J. Bérchez y V. Corell (1981), y el catálogo de Estampas y planchas de la Real Academia en el Museo de Bellas Artes de Valencia, redactado en 1982 por A. Tomas Sanmartín y M. Silvestre Visa.
        Actualmente el Museo prepara un catálogo completo de las casi tres mil pinturas que contiene, el cual está ya virtualmente terminado, consignando noticias históricas, bibliográficas y fotografía de las piezas. También tiene concluido el de esculturas, de inminente aparición, siguiendo la misma pauta.
        Al margen de estas labores, en los últimos años, la celebración de exposiciones monográficas planteadas con riguroso criterio a la luz de la moderna investigación, ha permitido analizar con profundidad ciertas obras, corrigiendo atribuciones, redescubriendo artistas nunca estudiados y exhumando piezas inéditas. En este sentido procede recordar las exposiciones de los Ribalta (1987), Vicente Macip (1997) y los Hernandos (1998) rebosantes de información nueva. Importantes han sido las muestras dedicadas a los Osona (1994), Antonio Muñoz Degraín (1996), Piranesi (1996), Vicente Beltrán Grimal (1996) o Sorolla (1997). Por otra parte, bajo el programa titulado "La obra recuperada del trimestre" el museo potencia la restauración y el estudio individualizado de sus obras señeras, editando a este propósito un folleto coleccionable con análisis exhaustivos a cargo de especialistas.