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El Convento del Carmen, Primera Sede del Museo de Bellas Artes de Valencia El convento del Carmen, ubicado en la antigua calle del mismo nombre, más tarde llamada Museo tras la creación de éste, remontaba sus orígenes al siglo XIII con los Carmelitas Calzados establecidos en Valencia a la muerte de Jaime I. Con la exclaustración del siglo XIX su gran iglesia fue convertida en parroquia de la Santa Cruz. El resto, es decir la parte conventual, se destinaría a diversos usos de carácter civil, sobre todo docentes.
El convento carmelita se articula en torno a dos claustros: uno gótico, del siglo XV, con cuatro arcos apuntados por panda y bóvedas de crucería simple; y otro renacentista, de mediados del siglo XVI, situado al oeste de aquél, con dos plantas de ocho arcos por panda en la galería baja y dieciséis menores en la alta. La parte más antigua del cenobio la constituye el refectorio (seguramente la primitiva iglesia), atravesado por arcos perpiaños configurando cinco tramos, según esquema del protogótico valenciano. Tangente a él por el testero se abre una estancia cuadrada, antigua aula capitular, denominada capilla de la Vida en recuerdo de la imagen de la Virgen que bajo esta advocación allí se veneraba.
El Museo del Carmen, como ya se ha dicho, quedó inaugurado el 5, 6, 7 y 8 de octubre de 1839. En un primer momento ocupó el claustro gótico, refectorio, capilla de la Vida y pocas dependencias más, siendo totalmente tapizados sus muros con los expoliados cuadros conventuales sin un orden concreto. Permite formar idea de la obra exhibida el inventario de 1847 que las enumera por salas, así como el catálogo que se publicó en 1850 siguiendo prácticamente la misma numeración inventarial con un total de 586 obras.
En esos años la Academia de San Carlos, que seguía sin tener museo propio y aún estaba ubicada en la Universidad, había acumulado por su parte una colección de alrededor de quinientas pinturas de las que sabemos gracias a un inventario de 1842. La gestión y dirección del Museo de Bellas Artes corrió a cargo de la Academia, que finalmente decidió trasladarse en 1848 al edificio del Carmen con sus pertenencias. Esa gestión directiva la ejercería la Academia con exclusividad hasta 1913 en que el Museo fue declarado de utilidad pública por orden de 10 de enero de ese año, y en 24 de julio siguiente adquirió entidad jurídica constituyéndose en régimen de Patronato dependiente del Estado, compuesto por representantes de la Comisión de Monumentos Estatal y de la Academia de San Carlos, siendo a partir de ese momento Director y Patronato los órganos gestores del mismo.
Desde su instalación en 1848 en el edificio del Carmen, la Academia presentó juntas las colecciones del Estado y las propias, sin duda para lograr un discurso museístico más rico. Dan cuenta de ello los catálogos que se imprimieron al poco tiempo, en 1863 y 1867, donde aparecen ambos fondos fusionados en uno sólo con numeración correlativa, marcando simplemente con la letra "M" las pinturas pertenecientes al Museo, y con la "A" las de la Academia. El volumen de las primeras se revelaba ya entonces superior al del segundo grupo.
La primera actuación de la Academia al frente del Museo se centró tanto en la ordenación conjunta de los fondos, como en la búsqueda de soluciones para exhibir las pinturas de la manera más digna posible, afrontando los problemas que planteaba un edificio cuya tipología conventual no era la más idónea para lo que se pretendía. En el primer caso se requería establecer un criterio expositivo estable y riguroso, acorde con las características de las obras, aunque muchas veces éste fue meramente estético o de conservación. En el segundo caso, la falta de espacio útil, se afrontó en sucesivas intervenciones practicadas en diversos momentos.
Se comenzó por la decoración del vestíbulo, en 1860, por el arquitecto Salvador Escrich y Melchor, incorporándole las columnas del patio del palacio Vich, demolido en 1859, cuyos restos habían pasado al Museo. También se pavimentó el refectorio con mosaico Nolla por el arquitecto Ramón María Ximénez. Pero el problema más acuciante era la falta de espacio. Para solucionarlo, el 4 de diciembre de 1882, se formó una comisión presidida por Elías Martínez, y compuesta por Joaquín María Calvo, Joaquín María Belda y Gonzalo Salvá, que redactó un ambicioso proyecto que no pudo llevarse a cabo de momento por falta de presupuesto, y tuvo que posponerse hasta el 5 de agosto de 1885 en que fue nombrado presidente de la Academia D. Miguel Galiano y Taléns, Marqués de Montortal, quien costeó de su propio pecunio las anheladas obras. Su desinteresada aportación permitió que, entre 1885 y 1892, los arquitectos Calvo y Belda realizaran la proyectada reforma, centrada en lograr amplios y luminosos espacios para el Museo, utilizándose para ello el claustro gótico tabicando las arcadas, a la vez que se subdividía su jardín en seis salitas y un salón central, todo cubierto con claraboyas acristaladas para proporcionar iluminación cenital. Su inauguración tuvo lugar el 20 de marzo de 1892, y en ellas se colgaron los cuadros más selectos y mejor conservados, destacando la gran colección de tablas góticas de "primitivos" y pinturas de los siglos XVI y XVII, con una distribución que podemos conocer por la crónica del Almanaque Las Provincias de 1893.
Pese a esa intervención, el Museo resultaba aún insuficiente. Por ello desde 1900 a 1914, siendo director del mismo D. Luis Tramoyeres Blasco, se reanudaron las tareas de ampliación bajo la dirección de los arquitectos Luis Ferreres y Francisco Almenar. Se trataba ahora de crear dos nuevas secciones, una para la pintura del siglo XVIII y otra para la del siglo XIX desde la divisoria que suponía la obra de Goya y Vicente López, continuando así el discurso de la pintura antigua ubicada en las salas costeadas por el Marqués de Montortal.
La ampliación de Luis Ferreres y Francisco Almenar en 1908 incorporó al Museo la sala gótica del refectorio del convento y la capilla de la Vida (antigua sala capitular) uniendo ambas por un amplio hueco. En el refectorio se reinstalaron las columnas del patio Vich (que desde 1860 decoraban el zaguán) dotándolas esta vez de sus arquerías y colocando la serliana de uno de los frentes del desaparecido patio en el hueco abierto en el testero en comunicación con la contigua capilla de la Vida. En estas actuaciones, al igual que en la anterior, quedaba patente el escaso aprecio que los arquitectos académicos sentían por la arquitectura gótica del convento.
La capilla de la Vida, pasó a denominarse Sala Benlliure, con varias obras de este autor, presididas por su gran cuadro Visión del Coloseo. El antiguo refectorio, denominado Sala Martínez Campos por la escultura que había de este general, se dedicó a exponer antigüedades, restos arqueológicos y esculturas, destacando en el lateral derecho la monumental portada del Palacio de los Duques de Mandas (demolido en 1864), a través de la cual se estableció comunicación con el vecino claustro gótico. En el lado izquierdo se abrieron cuatro salitas cuadradas entre los contrafuertes, que quedaban enmarcadas por las referidas columnas y arcos del patio Vich, con iluminación cenital de claraboyas, y en ellas se instalaron pinturas de Goya y López. Esta ampliación fue inaugurada por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia el 25 de octubre de 1910.
En 1914 se inauguraron nuevas salas expresamente construidas para albergar el legado Muñoz Degrain, a quien se le confirió el honor de supervisar la ubicación de sus cuadros. La generosidad de este legado incluía además de sus obras, piezas de mobiliario y lienzos de Domingo, Sorolla y Agrasot, que se colocaron en salas contiguas.
En los años 1923-1924 prosiguió la ampliación del Museo aprovechando un patio tangente a la sala Martínez Campos. Esta fue la última intervención importante que se operó en el edificio, dotándolo de una gran galería central con luz cenital y cuatro salas a cada lado, según el proyecto de los arquitectos Vicente Rodríguez y Luis Ferreres, siendo director D. José Benlliure, que contó con los apoyos del Conde de Torrefiel y de Francisco Almenar para lograr que el secretario de Instrucción Pública aprobara el proyecto. La nueva edificación de corte clásico, claramente inspirada en la galería central del Museo del Prado, no sólo permitía exhibir mejor las pinturas, sino que a la vez enlazaba con las propuestas más modernas de la museología del momento, lo cual seguramente dio pie a que el Museo de Bellas Artes de Valencia fuese considerado como el segundo museo de España.
En 1928 se obtuvo el permiso de obras para enlazar el antiguo Museo con la nuevas salas, actuación llevada a cabo dos años más tarde, bajo la dirección del arquitecto y académico Javier Goerlich Lleó. Esta intervención afecta al espacio inmediato a la Sala Martínez Campos, que contaba con una sala central con unas gradas para acceder al nivel de la galería nueva, y varios compartimentos laterales. En estas se instalaron las pinturas del siglo XIX. |
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