orden canonical del santo sepulcro
monasterio de la resurrección - zaragoza

Quienquiera que se allegue al monasterio de la Resurrección de Zaragoza catará con sus ojos imponentes murallas con torres anguladas; avistará lienzos con cruces patriarcales, contemplará su iglesia con San Nicolás presidiendo la fachada desde su nicho; y se deleitará con la visión del verdor de un pequeño vergel vedado por dentada tapia. Esta ciudadela tan irregular en su trazado, este alcázar de Jerusalén que abre sus puertas a todo peregrino, guarda en su interior tesoros para el espíritu, paz para el alma, alivio para el necesitado y amistad para el amigo. Todo un testimonio de entrega a Dios y servicio al prójimo.
Al cruzar el dintel de sus portalones, que defienden el cenobio cual los de una fortaleza medieval, entramos en otra dimensión en el espacio y en el tiempo; la "Jerusalén celeste" se muestra a nuestros ojos, a la vera del río Ebro y enclavada en el terruño aragonés, como un laberinto de tesoros artísticos compuesto por un sinfín de "moradas" en las que irse despojando de la mundanalidad y atender a las potencias del ánima. Capillas y jardines, la clausura y la hospedería, sus rincones, escaleras y recovecos, subterráneos y camaranchones…, así como el claustro, la iglesia y la cripta configuran un universo particular en donde viven sus moradoras, las canonesas, custodias del Sepulcro y testigos del Resucitado. En ellas se encarna el espíritu de Marta y María. Mujeres laboriosas, en absoluto desvinculadas del siglo ni de la ciudad o sus habitantes; al contrario comprometidas con el mundo, pero imbuidas del espíritu contemplativo y comunitario en los oficios y la vida diaria.
En este monasterio se respira libertad, respeto y amor cristianos; ninguna imposición, ninguna traba; aquí el cristianismo se experimenta sin cohibir al ser humano; el carisma se impone sobre los cánones, la regla nunca aplasta al individuo, y la riqueza personal y espiritual que atesoran estas custodias de la cripta sólo se descubre con la amistad y el trato cotidianos. En su sencillez, en su fidelidad, en la riqueza de sus tradiciones, en su modernidad radical, en su humanidad y sabiduría, en su testimonio como mujeres y religiosas, las canonesas nos recuerdan a las seguidoras de Jesús, aquéllas que en la Biblia llaman simplemente "mujeres" y a las que nunca conceden el nombre de discípulas; que nunca abandonaron al Maestro y estuvieron con Él al pie de la cruz, que fueron a buscarlo al sepulcro para acompañarlo y dieron el primer testimonio de su resurrección.
Las canonesas, aún perteneciendo a la misma Orden, atesoran más méritos que los cruzados que en el año 1099, tomaron la Ciudad Santa a las órdenes de Godofredo de Bouillón, porque mientras ellos sólo conquistaron una ciudad, ellas, como Jesús, han terminado conquistando nuestros corazones.

PEDRO
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© Canonesas Regulares del Santo Sepulcro
Monasterio de la Resurrección
Teléfono 976 293 047
Calle Don Teobaldo
50001 Zaragoza